Alfonsina Storni (Capriasca, Suiza, 1892 – Mar del Plata, Argentina, 1938) fue poeta y escritora argentina, una de las voces más singulares y combativas de la literatura latinoamericana del siglo XX y figura esencial del modernismo en lengua española. Su obra, atravesada por la conciencia del cuerpo femenino, la ironía y una lucidez que nunca se rinde, sigue siendo hoy tan incómoda y necesaria como cuando fue escrita.
Nacida en Suiza de familia italo-suiza, llegó a Argentina de niña y creció entre San Juan y Rosario en un hogar marcado por la precariedad y la melancolía de un padre errático. Desde muy joven tuvo que ganarse la vida: trabajó como camarera, actriz de compañía teatral itinerante y finalmente maestra, oficio que ejerció durante años mientras escribía sin descanso. A los veinte años se trasladó sola a Buenos Aires, embarazada y sin respaldo familiar, en una decisión que en la Argentina de aquella época equivalía a una declaración de independencia radical. En la capital construyó su lugar en el mundo literario y periodístico con una determinación que sus contemporáneos admiraron y con la que también se incomodaron.
Su poesía temprana —La inquietud del rosal (1916), El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919)— la crítica la ha situado en el tardorromanticismo, pero con una voz que desde el principio fue suya: directa, irónica, cargada de una conciencia de género que en ese contexto resultaba subversiva. Con Ocre (1925) su escritura dio un giro hacia la vanguardia y comenzó a explorar formas nuevas, entre ellas el antisoneto —soneto en verso libre— con el que demostró que dominar la tradición y dinamitarla podían ser el mismo gesto. Sus últimos libros, Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938), son los más oscuros y los más audaces: poemas que hablan de la enfermedad, del cuerpo que se acaba y de la muerte como elección.
En 1938 le diagnosticaron un cáncer de mama. Operada y deprimida, rechazó continuar el tratamiento. La noche del 25 de octubre escribió un último poema, Voy a dormir, y se adentró en el mar desde la escollera de Mar del Plata. Tenía cuarenta y seis años. Su muerte inspiró la célebre zamba Alfonsina y el mar, pero su obra merece ser leída más allá de la leyenda: es uno de los grandes cuerpos poéticos del siglo en español, y uno de los más honestos.

