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John William Polidori (Westminster, 1795 – Londres, 1821) fue médico y escritor británico de ascendencia italiana, figura singular del Romanticismo y autor de uno de los textos fundacionales de la literatura de terror: El vampiro (1819), considerado el primer relato moderno protagonizado por un no-muerto aristocrático y el antecedente directo del Drácula de Bram Stoker.

Hijo de Gaetano Polidori, erudito italiano exiliado en Inglaterra, y de Anna Maria Pierce, creció entre dos culturas que marcaron su carácter inquieto y su sensibilidad literaria. Precoz e inteligente, ingresó en la Universidad de Edimburgo con apenas quince años y se doctoró en medicina a los diecinueve con una tesis sobre el sonambulismo, tema que anticipaba ya sus intereses por los estados límite entre la conciencia y el sueño.

En 1816 entró al servicio de Lord Byron como médico personal y lo acompañó en su periplo europeo. Ese mismo verano, confinados por las tormentas en la Villa Diodati a orillas del lago Lemán, Byron, Polidori, Percy Shelley y Mary Godwin se retaron mutuamente a escribir una historia de terror. De aquella noche nacieron dos obras que cambiarían la literatura fantástica para siempre: Frankenstein de Mary Shelley y El vampiro de Polidori. El relato fue publicado en 1819 en New Monthly Magazine, erróneamente atribuido a Byron, error que irritó a ambos y que ensombreció el reconocimiento que Polidori merecía.

Tras separarse de Byron recorrió Italia y regresó a Inglaterra, donde intentó sin fortuna establecerse como médico y escritor. Publicó otros textos —obras de teatro, poemas, prosa de ficción— que no encontraron el eco esperado. Acosado por las deudas de juego y una depresión creciente, murió en agosto de 1821 con tan solo veinticinco años. El forense dictaminó muerte natural, pero todo apuntaba al suicidio por ingestión de ácido prúsico.

Polidori dejó una obra breve y una vida truncada, pero el vampiro que creó —elegante, aristocrático, moralmente ambiguo— reemplazó para siempre al monstruo folclórico de la tradición oral y sentó las bases del arquetipo que fascinaría a la cultura occidental durante dos siglos.